Vamos de concierto: Avatar + Alien Weaponry + Witch Club Satan

Ni sé cuándo fue la última vez que me fui de concierto (¿puede ser el Koba Live?), pero después de pensarlo unas cuantas veces y, sobre todo, al escuchar con detenimiento Don't Go in the Forest, ese último trabajo que tantas alegrías ha dado, nos apuntamos a la parada bilbaína de la gira europea de Avatar. Con ellos venían Witch Club Satan, banda que se está haciendo un nombre en el mundillo del black metal, y los neozelandeses Alien Weaponry, que llevan en esto la tira de años y resulta que son unos críos.

Por avatares (jaja!) del destino, llegamos a la Santana 27 justo cuando Witch Club Satan estaban empezando su descarga, así que la primera canción la escuchamos prácticamente desde la puerta. Su black metal lo-fi, de reminiscencia noventera es tan agresivo en directo como en disco, y su puesta en escena, tirando de corpse-paint y ataviadas como brujas en el aquelarre, les daba bastante prestancia. Tras una especie de invocación, hecha a cappella, volvieron al escenario ataviadas únicamente con unos pelucones enormes, pasando a la parte más desbocada y agresiva del show. Su concierto fue casi más una performance reivindicativa de naturaleza pagana y ocultista que un concierto al uso, y no estuvo mal. Media hora intensa y acelerada.

Witch Club Satan en plena invocación

 Tras montarse y probarse ellos mismos los instrumentos, Alien Weaponry saltaron al escenario para amedrentarnos con su haka inicial, tras la que desplegaron su arsenal de metalcore intenso y agresivo. Luce mucho el juego a dos voces que se traen entre el guitarra y el bajista, tirando ambos de voces limpias y agresivas: a mí, particularmente, me gustó mucho el tono limpio del guitarrista. Son la versión Soulfly de las antípodas, y el cierre con Kai Tangata fue el perfecto resumen de su show: mucha intensidad y agresividad, elementos tribales bien conjugados con el metal, melodía y riffs pegadizos. Estuvieron a punto de llevarse el premio a concierto de la noche...

Alien Weaponry, tres chavalillos que se comieron el escenario
 

... Si no fuera porque Avatar eran los reyes indiscutibles de la noche, y así lo hicieron saber desde el primer riff de Captain Goat, tema con el que abrieron el show. Vestidos con unas capas que ocultaban sus rasgos, y con un juego de luces muy bien diseñado y medido, los suecos dieron una lección de lo que viene a ser versatilidad y capacidad de mutación: ¿quieres caña? Ahí tienes Death & Glitz Smells Like a Freakshow; si buscas temas pegadizos, ahí tienes Don't Go in the Forest, con ese aire casi popero que impregna al tema, o Tonigjt We Are Warriors; es más, son capaces hasta de hacer power metal clásico de muchos quilates, con melodías de guitarra pirotécnicas como en Legend of the King, y todo ello perfectamente amalgamado, sin que en ningún momento parezca que las influencias son impostadas o artificialmente metidas. Musicalmente tienen unos recursos espectaculares, aunque a mí quien me llamó la atención fue el batería, capaz de tocar con un flow bestial. Hay que hacer mención aparte al frontman Johannes Eckerstrom, quien dio un recital de habilidades vocales, tanto en los guturales, los tonos medios e incluso los agudos power metaleros, además de tener una presencia sobre el escenario que muy poca gente logra: se metió al público en el bolsillo desde el comienzo (aunque hay que reconocer que el público estaba muy dispuesto).  Lo único malo es que fueron apenas una hora y cuarenta minutos de concierto, que se pasó demasiado rápido.

Avatar, espectaculares


Dicen que lo bueno, si breve, dos veces bueno: puede ser, pero esto de salir de un concierto a las diez y llegar a casa a las once de la noche es una nueva experiencia. ¿Será que vamos a tener horario tardeo en los conciertos? En cualquier caso, noches como ésta te dejan satisfecho.



 

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