Agatha Christie: Las siete esferas

Con la cantidad de cosas que saca Netflix a veces, por muchas redes sociales que tengas, es fácil que se te escape algo. Nos ha pasado con la segunda temporada de One Piece, con los cortos y series de anime de The Witcher y, si no hubiera sido por unas compañeras de trabajo, se me hubiera pasado esto por alto.
 
Pero bueno, advertido de la existencia de esta miniserie de tres capítulos, de una hora cada uno, allá que me puse al tema sin, error por mi parte, haber leído antes la novela ni haber buscado información sobre ella: así, hubiera sabido que forma parte de una serie de novelas protagonizadas por el Superintendente Battle, que gran parte de los personajes repite de una novela anterior y que, dentro de la obra de Agatha Christie, es considerada una obra menor: incluso ella misma, en sus memorias, la consideraba un "thriller sencillo" fácil de escribir y que no requería mucha preparación.
 
De haber sabido todo esto (y de haber leído el libro), es posible que no me hubieran sorprendido algunas de las cosas que, a posteriori, se ven en la serie.
 
En cualquier caso, la trama es sencilla: tras una fiesta en una mansión de la campiña inglesa, repleta de miembros del Servicio Secreto, Asuntos Exteriores y gran parte de la alta sociedad, un joven muere en circunstancias sospechosas, cuando se suponía que iba a ser víctima de una broma cuando ocho despertadores sonaran a la vez para evitar que se quedara dormido, como era habitual en él. Uno de estos despertadores desaparece, dando así pie al misterio de las siete esferas. La hija de la dueña de la mansión, una joven de la alta sociedad, decide ponerse a investigar la muerte del joven, persona cercana a ella.
 
A partir de ahí se despliega una trama que tiene pequeños visos románticos, el componente detectivesco, sociedades secretas, un extraño secreto militar codiciado por las potencias mundiales (la trama está ambientada en el periodo de entreguerras), una velada referencia a una lucha de clases entre la nobleza antigua, decadente, y los nuevos millonarios, industriales y empresarios, aspirantes a entrar en ese mundo pero vistos con desdén por los primeros. 
 
Con todo esto, se monta una serie que acaba resultando un tanto irregular: por un lado, está bastante bien ambientada, tanto a nivel de vestuario como de escenografía; las interpretaciones son bastante correctas, con Helena Bonham-Carter y Martin Freeman luciendo como secundarios mientras que el papel protagonista está interpretado de forma solvente por Mia McKenna-Bruce (¡la Marilka del primer episodio de The Witcher, bordó sus 5 minutos!). El resto del elenco son actores con tradición en el teatro y la televisión británicos, así que todos ellos resultan bastante creíbles, por lo que nadie chirría en su actuación.
 
¿Cuál es el problema, entonces? En primer lugar, que hay veces en los que, sin venir a cuento, nos encontramos gags que rompen el curso de la historia. A Mia McKenna le tocan algunos, pero sin duda el personaje que, desgraciadamente, acaba siendo una caricatura de sí mismo es el de Martin Freeman, el superintendente Battle, precisamente quien está llamado a mantener la cordura en la trama; en segundo lugar, la historia se permite muchas, muchas licencias respecto a lo que (he visto que) se cuenta en la novela. No sé si es que se mezclan elementos de las otra novela en la que aparecen algunos de los personajes, pero no es menos cierto que han alterado varios elementos que, a priori, no influyen definitivamente en la trama pero sí le hacen dar varios quiebros en algunos momentos (cosa que, visto lo que ha hecho Netflix en The Witcher, no me extraña nada).
 
Es una serie que se deja ver, entretiene y no plantea grandes dudas o dilemas (como toda la obra de Agatha Christie), pero a veces da la sensación de no saber si es una sitcom o una serie de misterio, por lo que en cuanto la acabas, a otra cosa. 

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