A medio camino entre el power metal y el death metal melódico, el último disco de los canadienses Atavistia, Old Gods Awaken (2026), está muy bien. Del death metal tenemos la agresividad y las voces, además de un sonido de guitarras crujiente, mientras que del power metal tenemos la velocidad, los solos de guitarra y algunas melodías, además de los coros y los teclados. Con un sonido nítido, limpio y perfecto, el disco es entretenido gracias a temas pegadizos y melódicos, que conjugan velocidad, agresividad con estribillos asequibles y coreables. Entretenido.
Ahora que My Dying Bride están en pleno desmoronamiento, echamos un vistazo a las bandas de sus exmiembros. Godthrymm es una de ellas, conformada por el batería Shaun Taylor-Steels y el guitarrista y vocalista Hamish Glencross. Projections (2026) es su tercer álbum, un disco de doom metal dinámico con ramalazos cercanos al death metal. Alternan voces guturales y limpias (nunca le había oído cantar así a Hamish y me gusta bastante) aderazadas con coros con voz femenina, las guitarras suenan potentes y los temas aunan buenos riffs con melodías repartidas entre guitarras y teclados. Musicalmente se nota de dónde vienen porque las similaritudes con MDB son muchas, aunque tienen una cierta identidad propia. La verdad es que está bastante bien.
Con Devildriver tengo mis más y mis menos: les vi en directo con Machine Head hace muchos años y no me gustaron nada. En disco, en cambio, los tolero más o menos. Strike and Kill (2026) es un disco de metal extremo moderno, un metalcore con elementos de Groove metal o deathcore que aúna brutalidad y melodía, con algún ramalazo más accesible en algunas partes. Temas rápidos e intensos, con un sonido agresivo y caótico, que a mí me dejan un sabor agridulce. Tiene sus momentos, pero a mí se me ha pasado sin más.
Einherjer son de esos grupos que siempre han estado ahí pero que, por una u otra razón, no terminan de dar el salto. A lo tonto llevan 30 años de carrera y diez discos, siendo Lifeblood (2026) su última obra. Es un disco de viking metal, un híbrido entre el power y el death melódico, con riffs, melodías y temática inspiradas en la época y mitología vikinga. Es un disco de sonido limpio y nítido, repleto de melodías y solos y que alterna partes rápidas y agresivas con otras hímnicas y majestuosas. La verdad es que se deja escuchar y resulta entretenido.
I Know What I Saw (2026) es lo último del dúo americano Lockstep y está muy lejos de lo que suelo escuchar habitualmente, la verdad. Puro shoegaze de ese moderno, lo que viene a ser un disco de rock lento, con un sonido de guitarras distorsionadas propias del metal sobre las que flotan etéreas melodías y una voz susurrante. No está mal, de hecho se deja escuchar bastante bien, aunque los temas son bastante repetitivos.
Ray Alder y Jim Matheos, voz y guitarra respectivamente de Fates Warning, se han juntado para dar luz a North Sea Echoes, con quienes traen este How to Cast a Shadow (2026). Llevan un paso más allá el sonido de su banda madre hacia un rock progresivo muy atmosférico, con temas en los que las guitarras despliegan potentes riffs y otros en los que las guitarras suenan ligeras y atmosféricas. A mí me ha gustado bastante, los temas tienen gancho y la ejecución es magistral.
Uno tiene sus límites y Divulsive es de esas (pocas) bandas que lo cruzan. Spawned in Viscera (2026) es su primer álbum, un disco de brutal death que tiene algún momento de lucidez con algún riff pegadizo, pero en el que las guitarras en su mayor parte son indescifrables y el sonido de la caja de la batería es la envidia de Lars Ulrich. Si a eso le sumamos una voz indescifrable, el conjunto resulta en que soy incapaz de aguantar los 21 minutos que dura.

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