Empiezo la semana con el EP Run with the Wolves (2026), que los neerlandeses Epinikion publican como adelanto de su próximo álbum. Formado por tres temas (que se incluirán en el disco), estamos ante un disco de power metal sinfónico, en el que los teclados y las guitarras se reparten el protagonismo por igual, tanto en las melodías como en los solos. La base rítmica es rápida y contundente, mientras que a las guitarras les falta algo de filo. Completa el conjunto la vocalista Kimberley Jongen, que se mueve en un registro entre melódico y operístico. Prometedor, sin duda.
Recupero un clásico como A Taste of Extreme Divinity (2008), un disco en el que en su momento Hypocrisy demostraron estar en plena forma. Además de un sonido espectacular, con unas guitarras crujientes y agresivas Hypocrisy sacaron a pasear todo el arsenal de recursos: riffs melódicos sobre ritmos a medio tiempo, velocidad desquiciada, breakdowns pesados... Es un compendio de death metal bien hecho, con temas pegadizos pero cañeros. Una joya a la que volver periódicamente.
Me ha gustado mucho Set the Dark on Fire (2026), el último disco de los austriacos Edenbridge. Banda veterana y con una trayectoria dilatada, su power metal sinfónico es fiel a los clichés del género pero, a la vez, es plenamente efectivo. Las melodías y arreglos de teclados no están en absoluto reñidos con las guitarras afiladas y las baterías rápidas a la vez que contundentes, de manera que mantienen el equilibrio entre los ingredientes del disco. Los temas están bien montados, con buenas melodías y riffs potentes y estribillos pegadizos. Es un disco entretenido, que se deja escuchar.
El segundo disco de los americanos Ov Sulfur, Endless (2026), no me convence en absoluto. Será porque es un disco de deathcore donde el core predomina sobre el death, las guitarras están afinadas en el infierno y la voz gutural tiene efectos por un tubo. Por lo demás, mucho breakdown, mucha parte a velocidad ultrasónica y la sensación de estar oyendo siempre el mismo disco (me pasa lo mismo que con el reguetón). Difícil de digerir, al menos para mí.
No sé yo si tiene mucho sentido regrabar un disco que sólo tiene 15 años, que fue grabado con plenitud de medios y que ya sonaba muy bien, pero Rotting Christ no debían estar contentos con la versión original y aquí tenemos Aealo - Rerecorded version (2026). Suena algo menos afilado que la versión original, pero en cambio los arreglos están más elaborados y es más grandilocuente en su sonido. ¿Mejor? No lo sé, el original era muy bueno y sigue sonando bien, este es "diferente pero igual". En cualquier caso, siempre está bien escuchar a Rotting Christ.
Desde Polonia aparecen Sarmat, que publican su segundo LP, The Ornaments of Disturbing Perspectives (2026). Practican un black/death metal fuertemente influenciado por los Behemoth de su época intermedia: ritmos propios del balck metal, pero con una producción espesa, propia del death metal. La producción es limpia y nítida a la vez que potente, con temas rápidos y agresivos, basados en el riff y con escaso espacio para la melodía. Se deja escuchar.
Rescato del olvido una obra de arte como es Iraganeko Bide Malkartsutik (2010), único LP de los gipuzkoanos Aiumeen Basoa y que tuve la inmensa suerte de poder ver en directo en Erandio. Pagan folk/black metal melódico y agresivo a partes iguales, con instrumentos como violines, acordeón, flauta perfectamente integrados en la música, tanto en las partes lentas o melódicas como en las más rápidas y agresivas. Temas repletos de cambios de ritmo, partes atmosféricas, agresivas, con un aire progresivo a la vez que folk muy personal. Una pena que no tuvieran más recorrido...

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