Nunca había profundizado en la obra de Umberto Eco, más allá de la insigne El nombre de la Rosa, hasta que decidí ponerme con Baudolino, novela publicada en el año 2000. He de decir que la primera vez que lo intenté, al poco tiempo de su publicación, la novela no me atrajo lo más mínimo y claudiqué sin pasar del primer capítulo. Cuan distinta ha sido la cosa, ahora, de tal manera que me ha atrapado hasta devorarla. Esto no hace más que reafirmarme en mi idea de que cada libro tiene su momento.
La trama en sí es bastante sencilla: durante la toma de Constantinopla por parte de los cruzados, allá a principios del siglo XIII, Baudolino salva a Nicetas (personaje real, historiador y político de la época) de ser asesinado en las revueltas y prepara la huida de Nicetas y familia de la ciudad. Mientras duran los preparativos, Baudolino, apenado por la pérdida de unos pergaminos donde había ido recogiendo las aventuras vividas a lo largo de su existencia, da cuenta de ellas a Nicetas para que las recoja.
Con esta premisa se inicia una novela en la que se da la mano la literatura de aventuras, la novela histórica, e, incluso, tramas propias de la novela picaresca, salpimentados con discusiones sobre la religión y la figura de dios. A lo largo del reinado de Federico I Barbarroja, quien acoge al niño Baudolino bajo su protección, vamos viendo cómo éste va creciendo y mezclándose en los distintos hechos históricos que se sucedieron a lo largo del reinado del emperador, todo ello con la búsqueda del reino del Preste Juan como objetivo vital.
La verdad es que su lectura ha sido una gozada. La parte narrativa, como siempre, está muy lograda y alterna momentos cómicos con otros con mayor carga dramática o filosófica. Las discusiones teológicas, reflejo de la diversidad de creencias de la época (incluso dentro de la religión católica), están muy bien integradas en el texto y el trasfondo histórico, que recorre casi todo el reinado de Federico I Barbarroja como emperador romano-germánico, está muy bien situado.
Es una novela que se devora, que te atrapa desde el primer momento. Eco, aquí transmutado en Baudolino, es un narrador genial, que domina el ritmo de la narración y sabe cómo ir engranando esas partes profundas y teológicas con otras más sencillas y ligeras. Los distintos hechos se suceden de tal manera que la narración va fluyendo de forma natural, sin ser un constante bombardeo de hechos y ocurrencias.
En resumen, muy recomendable desde cualquier punto de vista.

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