No sé muy bien como han caído Exsilyum en mis manos, pero aquí estoy, escuchando su debut Aut Omnia Aut Nihil (2026). No sé qué pensar de esto la verdad: es una especie de metal melódico moderno a base de guitarras no demasiado agresivas y bastantes sintetizadores, repleto de estribillos accesibles y riffs pegadizos, coronado por la voz de Solarys Rey, que bien podría cantar flamenco, por su tono y rango. Ojo, que no lo hace nada mal, solo que si a esto le quitas la batería y las guitarras y le dejas sintetizadores, te sale un disco de pop bastante redondo. No está mal, pero no termina de encajarme.
Tampoco termino muy satisfecho después de escuchar The Dead Ones (2026), último trabajo de The Last Ten Seconds of Life. Es un disco de deathcore que integra todos los elementos del género: voces ultraguturales, baterías de sonido muy comprimido, alternancia de partes rápidas y breakdowns y un sonido de guitarras espeso como la brea. Apenas dura media hora, pero a mí me ha parecido como si durara tres.
La semana remonta con los taiwaneses Efflore y su Elegies of the Island (2026), su primer álbum. Se trata de un black metal melódico rápido y agresivo, con algún ramalazo folk gracias al uso de instrumentos tradicionales chinos. El sonido es espectacular, potente y contundente y con unas guitarras afiladas, apreciándose nítidamente tanto las melodías y arreglos de las guitarras como de la instrumentación tradicional. Los temas además tienen su gancho, así que una grata sorpresa.
Otro debut, el Cimbrian Rites (2026) de los daneses Speedslut no me genera las mismas buenas sensaciones. Es una vuelta al speed metal ochentero, tanto estilísticamente como a nivel de producción: el nivel de reverb que llevan la caja y los timbales es indescriptible. Como buenos daneses este disco tiene muchas reminiscencias al Kill 'Em All, solo que lo que molaba en 1983 en 2026 ya suena muy manido. Juegan con la velocidad y son capaces de escribir algún riff con gancho, tienen buenos solos y melodías, pero el conjunto suena demasiado usado.
Hay gente a la que hay que dejar ir por libre porque no se les pueden poner límites, y Devin Townsend es una de ellas. En su último trabajo, The Moth (2026), Devin deja fluir su genio creativo sin límites, apoyándose en la Noord Nederlands Orkest para poder dotar al álbum de los elementos sinfónicos y orquestales de que está dotado, al punto de que hay una versión del disco precisamente solo con la versión orquestal. En cuanto a la versión estándar, tenemos de todo: ambient, rock y algún atisbo de metal, todo muy innovador y progresivo. Es un disco que tiene muchas capas y que hay que escuchar con detalle y atención, pero que acaba por resultar una gozada.
No termino de conectar con The Irredeemable Age (2026), el segundo LP de los americanos Thaetas. Es un disco de death metal rápido y brutal, muy técnico, repleto de parones, arpegios y cambios de ritmo. Hay solos y algún atisbo de melodía, pero a mí los temas no terminan de engancharme. Quizá no ayude el sonido pétreo o la voz, demasiado gutural para lo que este tipo de música demanda (o me gusta escuchar). No es lo mío.
Tampoco es lo mío Epigrama (2026), el nuevo disco de Erdve. Los lituanos traen un disco de metal moderno, al que se le pueden poner las etiquetas djent, post-metal, metalcore... Al final es un disco con un sonido de guitarras hipergrave, que transcurre principalmente en un medio tiempo pesado y oscuro, con riffs atmosféricos en la mejor tradición de Meshuggah. Los dos primeros temas se me han hecho muy duros y no he tenido fuerzas de continuar.

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