No sé si Las Palmas de Gran Canaria es el sitio de donde te imaginarías que podría salir una banda como Apostles of Perversion, pero lo cierto es que Scars of a Sick Mind (2019) es un gran disco de brutal death. Los temas emanan potencia y brutalidad, pero lo cierto es que han dejado el suficiente espacio en la mezcla para que los instrumentos se puedan escuchar con claridad y nitidez, lo que ayuda a resaltar las bondades de los temas. Son 24 minutos de pura intensidad que se disfrutan sobremanera.
Tras unos añitos dando vueltas, vamos con We Fight Back! (2026) álbum debut de los holandeses Atmoran. Se trata de un disco de thrashcore intenso y rápido, con algún ramalazo cercano al death metal. Suena bien, nítido y limpio, de tal manera que se permite que todos los temas luzcan. Los riffs son agresivos y cortantes, pero a mí me ha parecido un tanto lineal. No está mal, pero si lo veo un poco repetitivo.
No sé cómo acabo escuchando Bad Stuff (2026), álbum debut de la banda de rock Bad Stuff, nacida de las cenizas de True Widow. Practican una especie de pop-rock gótico y oscuro, muy atmosférico, con varios vocalistas masculinos y femeninas repartiéndose el protagonismo a lo largo de los temas. Hay un poquito de todo, rock gótico, country o rockabilly se van fundiendo a lo largo de los temas, que tienen estribillos pegadizos y variadas melodías como gancho. Se deja escuchar.
La gente de Fighter Records está especializada en traer a Europa bandas latinoamericanas de heavy metal, siendo los colombianos Louder el último ejemplo. Su debut, Devil's Night (2026), es un álbum de frenético heavy/speed/thrash metal, tocado a mil por hora, con un deje a Judas Priest, Slayer o Venom. Hay buenas ideas y mimbres, pero creo que pecan un tanto de repetitivos en algunas ocasiones, algo más de variedad en las secciones instrumentales no estaría de más. Aun así, es un debut prometedor.
Alguien me tendrá que explicar cómo es posible la cantidad de bandas indonesias de brutal death que salen cada año. Vile Desolation y su debut Annihilating the Consciousness (2026) son el último ejemplo de esta pródiga cantera. No se han roto el coco a la hora de escribir el álbum, es puro brutal death tocado a mil por hora, un blast beat continuo sobre el que se asientan unas guitarras y un bajo impenetrables y una voz ultragutural. Hay algún ocasional bajón en la velocidad, pero lo justo para coger aire y repartir cera. Eso sí, han sacado un sonido casi perfecto nítido y descifrable.
Mira que llevan años dando vueltas, pero no consigo comulgar con la propuesta de los rusos Grond. The Temple (2026) es su tercer álbum, un oscuro álbum de death metal, no exento de melodía. Temas rápidos (con presencia de partes más pesadas), riffs impenetrables pero pegadizos, un sonido de guitarra crujiente y agresivo y melodías siempre presentes son los ingredientes de este álbum, que lo hacen variado. A pesar de ello, no termina de entrarme, se me hace bola.
Veo que Melechesh tienen material nuevo, así que antes recupero Enki (2015), su último trabajo. Es un black/death metal rápido y caótico con influencias folk de Oriente Medio. El disco está bastante bien, enérgico, rápido, pero siempre con un buen riff o melodía que hace que no se vuelva aburrido o repetitivo. En su nuevo EP, Sentinels of Shamash (2026), siguen por el mismo camino: temas rápidos, con riffs pegadizos y melodías siempre presentes, repletos de distintas secciones, que hacen que sea entretenido. A ver si no tardan otros once años en sacar algo...

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