Después de la trilogía de La Primera Ley, que me tuvo completamente atrapado, esta es la segunda obra de Joe Abercrombie con la que me pongo. Supone la primera incursión del autor británico fuera del universo creado para la saga La Primera Ley, creando una nueva trilogía fuera de él, y a nivel de ambientación, no ha podido ser mejor.
Abercrombie nos sitúa en una distópica Europa medieval, en una época no concretada, en la que conviven seres sobrenaturales (hombres y mujeres lobo, vampiros, elfos) con hechos históricos reales, como las Cruzadas, las luchas dinásticas en el seno del Imperio y la división entre la iglesia de Oriente y la de Occidente. La distopía viene porque la iglesia habla de "la Salvadora", el crucifijo se sustituye por un círculo, el centro de la iglesia se sitúa en Troya y las cruzadas no son contra los otomanos, sino contra los elfos.
En este contexto continental, el hermano Díaz acude a la Ciudad Santa a reunirse con la curia eclesiástica para, lo que cree, ser recompensado con un puesto elevado en la escala de la iglesia. Sin embargo, acaba como encargado de la Capilla de la Santa Conveniencia, un grupo secreto encargado de las misiones más oscuras que la iglesia necesita resolver. En paralelo encontramos a Alex, una adolescente huérfana, ladrona y timadora, acuciada por problemas de deudas y cuyo destino está a punto de cambiar. Los caminos de Alex y la Capilla de la Santa Conveniencia se van a cruzar de tal manera que todo el Imperio y la iglesia están a punto de cambiar.
Partiendo de estas premisas nos enfrentamos a una novela del género grimdark, esa fantasía oscura y adulta que muchas veces nos enfrenta a dilemas desagradables mostrándonos el mundo no en blanco y negro, sino con una amplísima escala de grises. El libro refleja el viaje experimentado por todos los personajes en cuanto a su evolución desde que salen de la Ciudad Santa hasta que llegan a Troya. Les vemos crecer, asumir responsabilidades y reflexionar sobre sus ideas, todo ello mientras se enfrentan a poderosos enemigos y asistimos al festival de sangre y violencia que suele formar parte de las novelas de Abercrombie.
Lo que no me ha gustado mucho es que este primer tomo parece copiar muchos de los esquemas de la trilogía de La Primera Ley: la trama principal, en la que un grupo de guerreros realiza un arduo viaje en pos de una misión; los personajes, algunos réplicas de aquellos como Logan Nuevededos/Jakob de Thorn o Jezal/Alex. Incluso algunas subtramas (romances, traiciones...) son bastante similares, en su planteamiento, a las de la citada obra. Ojo, que esto no desmerece a Los Diablos: Runas como novela en sí, la trama está estupendamente construida y tiene sus señas de identidad propias que le hacen destacar, pero estas similaridades no dejan de ser un pequeño runrún en la cabeza.
Como apertura de una nueva trilogía (y quién sabe si de un nuevo universo, esta Europa distópica puede dar mucho juego), Los Diablos es una novela de fantasía oscura que está muy bien. Si en los próximos volúmenes las tramas adquieren una entidad propia, ya sería el summum.

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