¿Qué he estado escuchando esta semana? Semana 29/2026

Hacía mucho, mucho tiempo que no le echaba el ojo a un disco de black metal sinfónico como Dimension: Daemonium (2026), última obra del dúo finlandés Vargrav. Es una vuelta a los años 90 en toda regla, tanto a nivel de producción como de temas, con esos teclados majestuosos que van acompañando a los riffs de guitarra. Los temas están bien construidos y resultan entretenidos, pero tampoco resulta nada especial.

Cosa curiosa la que han hecho los belgas Aeveris, publicar su último álbum dividido en dos EPs. Así, este Immninence (2026) se divide en dos, Act I: Roots y Act II: Revelations. Sin embargo no hay apenas diferencias entre ellos, por lo que podrían haberlo publicado todo junto. Es un metalcore melódico de manual, con un sonido potente, guitarras pesadas pero melódicas y la consabida alternancia entre voces limpias y agresivas. No está mal, pero no deja de ser otro disco de metalcore más.

Menuda sorpresa me he llevado con los italianos Ural y Anthropic Genetic Involution (2026), su cuarto disco. Menudo pepinazo de thrash metal clásico puesto al día de una forma muy acertada. Mezclan riffs, el tono de voz y los coros típicos del thrash/crossover de los ochenta con una producción actual, sin caer tampoco en esos muros de sonido que han echado a perder el sonido de Testament, por ejemplo. Saben alternar partes rápidas y pesadas, riffs y melodías y tienen algún estribillo bastante pegadizo, todo esto en poquito más de media hora. Muy interesante.

A pesar de que Latzen desaparecieron antes de que entráramos en el siglo XXI (obviando una reunión en 2008), nunca han desaparecido del imaginario colectivo gracias a la baladita Laztana, una excepción en una discografía plagada de heavy/thrash metal (algo así como Metallica y Nothing Else Matters). Denboraren Orbainak (2025) es el disco con el que vuelven al ruedo, plagado de temas de metal crujiente muy al estilo Su Ta Gar o Metallica de su etapa intermedia, alternando temas pesados (Arnasbideak) con otros más rápidos (Txori Txarrak, Memento Mori). Suenan limpios y nítidos, con temas con riffs potentes pero sin hacer asco a la melodía. Un disco entretenido de una banda que demuestra estar en forma.

Pensaba que Hecate Enthroned habían resucitado con este The Corpse of a Titan, a Lament Long Buried (2026), pero va a ser que nunca han dejado de estar activos, sino que han sido extremadamente pacientes a la hora de escribir música, motivo por el cual su anterior álbum, de 2019, se me había pasado por alto. En cualquier caso, estamos ante un disco de black metal sinfónico y melódico, muy propio de lo que en los 90 era el black inglés del que Hecate Enthroned y Cradle of Filth eran los máximos exponentes. El disco se compone principalmente de temas rápidos con buenos riffs y arreglos de teclado que se reparten el protagonismo con las guitarras, mezcla probada con sobrado éxito. Están en forma, ahora a ver si deciden darse una vuelta por los escenarios...

El repaso a la discografía de Cathedral me lleva a The Garden of Unearthly Delights (2005), disco que ahonda en su vertiente doom/Stoner, aunque, curiosamente, con un sonido más crudo de guitarras. Es un disco que ya no entra igual de bien que los anteriores, es más, yo he sido incapaz de terminarlo. Es un disco al que le falta frescura, con el que me ha sido imposible conectar y para mí supuso una pérdida de interés en la banda.

Nuevo disco de Immolation y nueva joya que nos echamos a las orejas. Descent (2026) es una auténtica joya de death metal oscuro y brutal, sin perder un ápice de musicalidad, con riffs pegadizos y buenas melodías que hacen que este disco se disfrute desde el primer segundo. Hay partes rápidas y agresivas, pero estamos ante un disco que principalmente es pesado y contundente. Técnicamente es una gozada, con riffs y fills de batería intrincados y repletos de detalles, así como temas construidos para que resulten entretenidos y contundentes. De lo mejorcito que he escuchado en death metal en este año.

 

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