Segundo día del Z! Live y todavía con fuerzas para afrontar la jornada, así que después de atender algunos compromisos laborales (bendito teletrabajo), nos pusimos en marcha para IFEZA.
Llegamos a mitad de descarga de los británicos Kardinal X, banda de reciente creación pero cuyos músicos eran bastante veteranos. Tocan thrash metal de estirpe inglesa, con algún ramalazo propio de la NWOBHM y no sonaron del todo mal, aunque tampoco fueron nada especial.
Después fue el turno de Burning Witches, quienes salieron dispuestas a darlo todo. Aunque fueron motivo de discusión, a mí me gustaron bastante: sonaron bastante bien, potentes y contundentes pero con la nitidez necesaria para que los solos y melodías de Romana Kahlkuhl y Courtney Cox no se perdieran en la mezcla. La cantante Laura Guldemond clavó los temas y la bajista Jeanine Grob demostró estar pasándoselo como una enana; quizá su punto más débil fuera la batería, muy simplona, que en algún momento deslució los temas. A pesar de ello, correctas.
Lo de Su Ta Gar debería pasar como uno de los mejores conciertos del festival. La actuación de los eibarreses delante de un público entregado (mayoritariamente euskaldun, pero con bastantes seguidores de fuera) fue redonda, con un sonido espectacular, una ejecución sobresaliente y una puesta en escena cuidada (fueron los primeros en usar fuego en el festival). Si a eso le sumamos un setlist compuesto casi íntegramente por el Jaiotze Basatia, el resultado fue espectacular. Estaban emocionados por el recibimiento y devolvieron el apoyo con un concierto brutal, de lo mejor del festival sin lugar a dudas.
No podemos decir lo mismo de Blaze Bailey. Ha pasado mucho tiempo desde su salida de Iron Maiden y su carrera ha sido un tanto errática, pero lo que vimos en Zamora creo que le deja en un momento muy bajo de su carrera. Instrumentalmente la banda fue correcta, sin demasiados alardes, pero Blaze no está en forma. No voy a ahondar en la herida, pero ver cómo destrozaba The Clansman o Sign of the Cross, o lo que nos costó reconocer Man on the Edge, fue algo verdaderamente doloroso.
Con H.E.A.T. llegó el momento del hard rock pachanguero. Los suecos cumplieron de sobra, con una propuesta bastante sobria visualmente y con un Kenny Leckremo muy activo, actuando magistralmente como maestro de ceremonias. Ahora bien, la propuesta de H.E.A.T. no da para mucho: ritmo estándar en la batería y temas con riffs y estribillos pegadizos y espacio para el lucimiento instrumental. ¿Entretenido? Mucho, que al final es de lo que se trata.
Lo de Saxon (y más concretamente, lo de Biff Byford) es digno de estudio. Por este hombre parece que no pasan los años, manteniéndose en un estado de forma vocal apabullante a sus 75 años, además después de haber pasado una enfermedad recientemente. Toda la banda, en realidad, estuvo a un nivel colosal: sonaron potentes y compactos, y dieron un buen repaso a su discografía. No siendo seguidor de su trabajo, he de decir que me gustaron mucho y que dejaron el pabellón del heavy metal clásico bien alto.
Después de esto, por más ganas que tuviéramos, caímos presa del cansancio y con pena nos marchamos, perdiéndonos a Coroner y Ekyrian. Pero teníamos por delante un día muy largo y había que guardar algo.

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