Vamos de concierto: Koba Live 2026

El año pasado, cuando los organizadores del Koba Live se subieron al escenario a dar su discurso habitual, sus palabras sonaron a despedida. Es cierto que hacía un día horrible, pasando de casi 40 grados a la mañana a un temporal atronador por la tarde, que se vio menos gente que el año anterior, pero aún así, nada hacía presagiar la noticia que saltó al de unas semanas: el ayuntamiento de Abadiño retiraba su apoyo y el festival dejaba de celebrarse.

Por eso, cuando apenas hace un par de meses el Koba Live publicó que en mayo volvían, nos llevamos una gran alegría. Durango les acogía, facilitándoles la sala Plateruena, y en apenas un par de meses montaban un festival con un cartel bastante digno. Consiguieron además mantener la comida popular y los conciertos matinales, organizando un concurso de bandas, actividades a las que por compromisos familiares no pudimos acudir.

Sin embargo, a las 17:30 estábamos como un clavo en Durango, recogiendo la pulserita y echando un vistazo a la zona del festival: en la sala Plateruena tenían lugar los conciertos mientras que, en un pabellón del Landako Gunea habían preparado la zona del merchan, una barra y la zona de bocatas, las mesas para la comida popular y el escenario para los conciertos de la mañana. Todo bastante bien pensado.

Injector, macarrismo murciano

Puntuales como un reloj, a las 18 horas los murcianos Injector empezaban su concierto: su thrash metal rápido y agresivo nos gustó mucho en el Z! Live y en Durango confirmaron que son un grupazo, aunque hay que decir que no gozaron del mejor de los sonidos, con un bajo que en los primeros temas se comía las guitarras y con numerosos acoples que no dejaron de repetirse. Aún así, sonaron geniales , dejando el pabellón bastante alto para las siguientes bandas.

Txatar, o cómo tres tipos pueden dar cera sin descanso

De Txatar sólo sabía que son los herederos de Legen Beltza y que Hildakoen Jainko (2024) es su primer álbum, un disco de thrash metal de inspiración alemana que no me terminó de convencer. En Durango me cerraron la boca a base de bien, dando un conciertazo, con un sonido genial, una entrega total, un sentido del humor ácido (¿cuántas veces nos llamaron viejos?) y un repertorio aplastante. Incomensurable trabajo de su guitarrista, que encima se sacó unas voces guturales increíbles: queremos un disco tocado y cantado por él.  En cualquier caso, cuando terminaron su concierto Txatar nos dejaron más que satisfechos.

Killus: luces, pintas, temazos.

Killus
 fueron los siguientes en saltar al escenario del Plateruena: su telón presidía el fondo del escenario, sus luces estaban repartidas por el mismo y su batería, con herrajes dignos de haber salido de Dune anticipaban que nos encontrábamos ante uno de los platos fuertes de la noche.  Su metal industrial, heredero de Rammstein, Marilyn Manson o Nine Inch Nails sonó atronador, con una pegada bestial por parte del batería, un posar constante del bajista y un soberbio despliegue por parte del vocalista. Las guitarras sonaban distorsionadas, fundiéndose con los teclados y samplers (que iban pregrabados). Siendo como son estos últimos parte importante del sonido de Killus, le restó espontaneidad a la descarga, lo que suplieron con entrega y rabia: como parte del show, y aprovechando la configuración del Plateruena, se bajaron un par de veces al foso con el público. Parece mentira que lleven 20 años y 9 discos y que haya sido ahora, con motivo de su visita al Koba, cuando les haya conocido.

Como si tuviera 16 años otra vez...

Llegaba la hora de los cabezas de cartel, los ya casi legendarios Rhapsody of Fire, comandados por el incansable teclista Alex Staropoli (que hay que ver cómo se ha mazado el tío). Otro grupo que vimos en el Z! Live el año pasado, pero que si bien en aquel momento no resultaron nada especial, aquí se sacaron la espina (y la espada) y dejaron el pabellón altísimo. Llevaban coros y algún teclado lanzado, pero la sensación es que su concierto fue mucho más natural que el de Zamora, que el escenario pequeño les sienta como un guante: el vocalista Giacomo Voli desplegó su talento vocal, y el guitarrista consiguió que no echáramos de menos a Luca Turilli. Si además terminas el concierto con Dawn of VictoryLand of Immortals y Emerald Sword, vas a conseguir que alguno lloremos de felicidad. Ganadores absolutos de la noche. Gloria Perpetua, que cantan...

Y así no nos quedó más remedio que marcharnos. Siento no haberme quedado a ver a Onslaught, pero al día siguiente tocaba madrugar y uno ya no está para muchas historias. Al menos nos fuimos tranquilos, porque el Koba goza de una salud de hierro y nos prometieron volver en 2027.

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