Juegos de mesa: Toy Battle

 

A veces nos complicamos la vida buscando juegos de mesa con mecánicas enrevesadas, múltiples opciones y/o turnos larguísimos en los que realizar diversas opciones, cuando muchas veces lo que necesitamos es, simplemente, jugar.

Toy Battle es uno de esos juegos que tienen una estética infantil, una mecánica sencilla, (MUY sencilla) y apenas dos o tres cuestiones a tener en cuenta, lo que a priori puede hacerlo parecer una tontería, pero nada más lejos de la realidad. Aquí hay mucha más tela que cortar de lo que a priori parece. 

Estamos ante un juego de estrategia para dos jugadores, en el que ambos bandos se enfrentan entre sí, pudiendo alcanzar la victoria bien conquistando la base enemiga, bien recolectando el número de puntos señalado en cada tablero (puntos que se logran a base de ser el primero en conquistar zonas concretas del tablero) o consiguiendo que un jugador agote sus fichas. ¿Y cómo conquistamos estas zonas, cómo llegamos a la base enemiga? Pues colocando las fichas de nuestras unidades en los puntos señalados en el tablero, siempre que estén conectadas entre sí.

Así, tenemos 8 tipos de unidades, cada una con un valor y una acción adicional: cuando la coloquemos la ficha nos permitirá robar fichas, volver a jugar o eliminar fichas del contrario. A su vez, el contrario podrá colocar una ficha suya de valor superior al de la ficha que está en esa posición. Además, si estas fichas se colocan en unas casillas especiales, se aplicará un efecto adicional. Al principio cada jugador se descarta, aleatoriamente, de cuatro fichas y luego va robando de las fichas, también aleatoriamente.

¿Sencillo, verdad? Pues con estas premisas se arman partidas verdaderamente interesantes porque, en función del tablero (hay hasta ocho distintos), de las fichas que se tengan en la mano y de la estrategia que se decida adoptar, si se quiere ganar por conquista, por puntos o por agotamiento. Así, no hay dos partidas iguales, lo que hace que la rejugabilidad sea eterna.

Un juego sencillo como él solo, pero lleno de posibilidades. A mí me ha encantado.

 

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