La de bandas que están surgiendo al amparo de Heilung. Lo último que he escuchado de todas ellas es este curioso Monochrome (2026), obra de los polacos Hér. Se trata de un disco en el que encontramos el folk germano-escandinavo propio de Heilung (sobre todo por la percusión y las voces), influencias del folk eslavo (violines, bajo, saxofón), ramalazos propios de BSO de videojuegos y algo de jazz e incluso rock, todo ello coronado por los sintetizadores, que terminan de dar forma al conjunto, lo cierto es que este Monochrome se deja escuchar bastante bien. Es música relajante, ideal para dejarse llevar.
Los vascofranceses Horion debutan con el EP Doom (2026), en el que dan rienda suelta a su particular mezcla de black, doom y death metal. Son cuatro temas en veinte minutos en el que vemos desfilar partes lentas y atmosféricas con otras más rápidas y agresivas. Los temas están bien, variados y entretenidos pero a la producción le falta pegada: las guitarras suenan un tanto artificiales, como si tiraran de plugin en vez de amplificador real, y eso les resta fuerza en algunas partes. No está mal, se deja escuchar y es un buen comienzo en la carrera de Horion.
Me ha gustado mucho Set the Sky on Fire (2026), el tercer LP de los británicos Urne. A medio camino del metalcore y el post-black metal, su propuesta tiene elementos reconocibles a la vez que resulta bastante original. Tienen un sonido potente y espeso a la vez que nítido, además de un vocalista muy capaz, Son capaces de construir temas contundentes a la vez que melódicos, dejando una muy grata sensación en el oyente. Muy recomendado.
Vamos con el segundo disco en solitario de Sakis Tolis, líder de Rotting Christ. The Seven Seals of the Apocalypse (Revelations 5-7) (2024), un disco fuertemente influenciado por el sonido de su banda principal, aunque mucho más solemne e hímnico que aquellos. Sonido limpio y nítido, con la presencia de esas guitarras pesadas y cortantes marca de la casa. El disco no está mal, nada mal.
Muy gratamente sorprendido me he quedado ante Divine Power Flowing (2026), el segundo disco de los gallegos Unchosen Ones. A medio camino del power metal alemán y el metal melódico de corte más americano, es un disco dinámico, con partes agresivas y contundentes y otras más relajadas y atmosféricas, pero siempre con la melodía presente. Gozan de un sonido casi perfecto, que permite escuchar cada instrumento sin perder nada de fuerza ni pegada, con los teclados alternándose con las guitarras a la hora de asumir el protagonismo.
En plena segunda ola del black metal noruego aparecieron Dismal Euphony con el EP Spellbound (1996), que traía un planteamiento totalmente novedoso en aquella época: un black metal melódico, con ramalazos doom, que mezclaba voz rasgada y una voz lírica femenina. Con esa premisa y un sonido crudo pero pulido, con guitarras crujientes y teclados atmosféricos y envolventes, Dismal Euphony sentaron las bases de todo un género. Injustamente olvidados hoy en día, Spellbound, Soria Moria Slott (1996) y Autumn Leaves - The Rebellion of Tides (1997) son tres auténticos clásicos del género, de repaso obligado. Su carrera posterior, hasta su disolución en 2001 es mucho menos interesante, aunque All Little Devils (1999), grabado con una formación prácticamente nueva, todavía conserva algo de su magia, pero ya el black metal atmosférico había desaparecido.
Desde Grecia Acid Death llegan con este Evolution (2025), un disco de thrash metal de sonido muy actual, caracterizado por una base rítmica potente y contundente y un sonido de guitarra crujiente y abrasivo. La producción es muy limpia y nítida, quizá hasta demasiado. El disco no está mal, quizá un tanto lineal, por lo que cuando meten cambios de tempo, con partes más pausadas como en (Walking) The Path to Certainty ganan bastantes enteros. No está mal, pero tampoco es ninguna maravilla.

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