Como plan de última hora para el pasado fin de semana surgió la oportunidad de acudir al concierto de Airbourne y Asomvel, que en su fecha de Bilbao llevaba con el aforo vendido desde hace varias semanas.
Así que allí nos plantamos, poco antes de que los británicos Asomvel hicieran su aparición sobre el escenario tras calentarnos con la banda sonora de Rocky. Autores de un heavy metal clásico, su concierto empezó con un tema contundente y rapidísimo, como si quisieran dejar constancia de quienes eran y a qué habían venido. El bajista y vocalista Ralph Robinson lucía orgulloso su parecido físico y vocal con el añorado Lemmy, hasta el punto de que sus movimientos sobre el escenario eran clavados a los de aquel. Flanqueado a las guitarras por su padre y su hermano (del batería no me consta vínculo familiar), lo cierto es que Asomvel dieron un concierto muy solvente, aunando velocidad y contundencia con riffs pegadizos y estribillos memorables. Cierto es que su estilo es más que reconocible y que no inventan la rueda, pero no es menos cierto que lo hicieron muy bien. Gozaron de un gran sonido (cada golpe de bombo hacía retumbar nuestras entrañas y bailar nuestras camisas) que nos permitió apreciar tanto la pegada y el flow de su batería como el buen hacer de los guitarristas. Un grupo a tener en cuenta.

Asomvel o la familia Robinson, dándolo todo
Tras un rápido cambio de escenario (la verdad es que la puesta en escena era muy sobria y sencilla) y con la sala ya abarrotada, la banda sonora de Terminator 2 dio paso a la descarga de los australianos Airbourne. Si Asomvel eran la reencarnación de Motörhead, Airbourne son los hijos no reconocidos de AC/DC. Arrancaron con Gutsy, su último single, y en seguida se vio que el público estaba entregado a los australianos. Airbourne no se lo pensaron mucho, tienen temas pegadizos para dar y tomar y se fueron sucediendo temazos como Too Much, Too Young, Too Fast, Back in the Game o Breakin' Outta Hell, cuyos estribillos fueron coreados con ganas por el público. No se entretuvieron con puestas en escena complejas ni historias raras, fueron directos y al grano y se pulieron las 14/15 canciones del repertorio en algo más de una hora, incluyendo tiempo para que su cantante y guitarrista se dedicara a tirar bebida al público o darse su una vuelta a hombros de un pipa por entre el público mientras seguía tocando. La verdad es que fue un espectáculo por su parte, con el resto de la banda semioculto entre el humo y las luces, centrando él todos los focos. No obstante, su sonido estuvo mucho más embarullado que el de Asomvel (aunque igualmente alto), con una batería menos contundente y unas guitarras que, si bien tenían un tono muy logrado, no terminaban de sonar nítidas, hecho que le restó enteros al concierto de Airbourne.
Gracias a esta nueva moda que se está imponiendo, faltaban todavía unos minutos para las once de la noche cuando nos encontramos ya en la calle. Así, con los oídos pitando y la cartera vacía (a 5 Euros la caña de cerveza, esto se está poniendo imposible), nos marchamos para casa contentos y agotados.


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