Hoy toca hablar de un clásico entre los clásicos, del juego que aupó la saga Final Fantasy a cotas de popularidad hasta entonces desconocidas y que nos introdujo a toda una generación en el universo del rol japonés: con todos vosotros, el Final Fantasy VII.
He de decir que la primera vez que lo jugué, en la PlayStation original allá por los primeros 2000, aquello fue como tener una revelación. Creo que me tiré las horas muertas de aquel verano avanzando en la historia hasta llegar al final. Fue una experiencia irrepetible, de esas que te dejan marcado y que inició una relación con el rol japonés que, más o menos, ha seguido vigente hasta ahora.
Este año, en el que SquareSoft está publicando el remake para las consolas de nueva generación (lo están haciendo a capítulos aprecio de juego completo cada uno, no saben nada los pájaros estos), me he decidido a rejugarlo, pero esta vez en PC, gracias que Square ha decidido publicar su catálogo en la plataforma Steam.
Sé que en PC también está la versión remake del juego, pero los requisitos técnicos necesarios para mover el juego superan con mucho las capacidades del ordenador que tengo y no me merece la pena la inversión. Además, el factor nostalgia es un elemento muy potente a la hora de enfrentarse al juego.
Si conocéis la versión original de la PlayStation original, he de deciros que en esta conversión no hay apenas cambios respecto de la primera. Es el juego original, fielmente transportado a los ordenadores personales. Quizá hay algún retoque gráfico (algo más de definición en las texturas, por ejemplo), pero incluso la resolución de de pantalla no llega a los 1920x1080, de tal manera que hay un marco negro que rodea la imagen.

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