¡Qué emoción! ¡Mi primera partida a un wargame! Bueno, vale, está el ajedrez, que al fin y al cabo lleva unos añitos dando vueltas, pero de tablero, éste es el primero. Ah, no, me olvidaba del Risk. Pero bueno, se entiende por dónde van los tiros, ¿no?
En cualquier caso, este va a ser un día para recordar, seguro, porque abrimos un melón importante con los wargames puros y duros.
El juego nos sitúa en un enfrentamiento aéreo de la Primera Guerra Mundial y está pensado para ser jugado por entre 2 y 6 jugadores, repartidos entre el Imperio alemán y los Aliados. Como nosotros éramos tres, dos fuimos los aliados y el otro asumió el papel de los alemanes.
La mecánica es bastante sencilla, para lo que pueden complicarse estos juegos: cada jugador escoge su avión y su correspondiente hoja, en la que vienen señalados los datos de velocidad, maniobrabilidad y durabilidad de los distintos elementos de la nave. A partir de ahí, la mecánica es sencilla, siendo la ejecución lo que resulta un poco más complejo. Cada nave tiene sus propias características de velocidad, posibilidades de giro (si fuerzas el giro tienes la posibilidad de entrar en barrena y caer al vacío), sus armas (atacando solo hacia delante, a los lados o incluso hacia la retaguardia).
En cuanto al combate, lo señalado: en función del avión que hayas elegido podrás atacar desde una cierta distancia (una o dos casillas, que es la IGM), desde una cierta posición y hacia un cierto componente del avión. Con una tirada de dados se establece el daño sufrido y se marca en la correspondiente hoja, de tal manera que, cuando un elemento recibe todo el daño, el avión cae derrotado.
Se trata de un juego bastante dinámico, aunque como nosotros éramos principiantes tuvimos que pararnos unas cuántas veces para ir viendo cómo debía desarrollarse la partida. Pero una vez superado este escollo, para repetir.

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