Recuerdo leer Dune en mi adolescencia, en un momento en que se lanzó el videojuego de estrategia (que nunca pude catar) y en el que iba perfilando mis gustos literarios. Cómo clásico de la ciencia ficción ha pasado a la historia, pero no estoy seguro de que dejara la misma huella en mi persona.
Treinta años después, me enfrento a la nueva versión cinematográfica de la novela, sin prejuicios al no haber visto la versión de los años 80. No en el cine, desgraciadamente, sino desde la comodidad del salón de casa.
Dirigida por Denis Villeneuve, director que se está forjando una filmografía más que interesante. Adaptar Dune es un reto mayúsculo y hacerlo en formato trilogía aún más, dadas las numerosas vueltas que da la historia original.
Dune es una historia que, en el marco de la ciencia ficción, describe una lucha entre la religión y la política, con la lucha por el dominio de la especia, un material valiosísimo y que sólo se produce en el planeta Arrakis. Así, tenemos la lucha entre los Atreides y los Harkkonen, con el poder del Imperio de por medio, entremezclada con la búsqueda del Elegido por parte de las Bene-Gesserit y la lucha de los Fremen, nativos de Arrakis sojuzgados por los humanos, por su libertad.
Visualmente la película es una gozada. No sólo por el diseño de naves o ciudades, sino por la fotografía, un continuo festival visual. Las imágenes en los exteriores de Arrakis, con ese blanco casi quemado, reflejan el calor, el sol del desierto. Y los interiores, repletos de claroscuros, reflejan esa búsqueda de la sombra, esa huida del sol abrasador, de ese enemigo que es el propio planeta Arrakis. Por no hablar de la banda sonora, que trae reminiscencias de Vangelis y su trabajo en Blade Runner y que le siente como un guante a las escenas.
En cuanto a los personajes, las actuaciones resultan muy convincentes. Me ha gustado Thimotee Chalamet como Paul Atreides, con ese aire de joven noble que busca interesarse por la cultura del planeta al que se dirige, con aire entre lo visionario y lo indulgente; Óscar Isaac como el duque Atreides da imagen de líder confiable; Rebecca Ferguson clava el personaje de dama Bene-Gesserit, a medio camino entre el hieratismo propio de su religión y las emociones de una madre, y Javier Bardem está muy bien en su papel de líder de los Fremen, pueblo nativo de Arrakis.
Una prometedora primera parte, una buena película de ciencia ficción y una notable adaptación de una novela que es un clásico del género.

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